La histórica cadena de electrodomésticos Garbarino llegó a su final. La Justicia decretó oficialmente la quiebra de la empresa, luego de que fracasaran todos los intentos de rescate y el proceso de salvataje conocido como cramdown, previsto en la Ley de Concursos y Quiebras de Argentina.
La resolución fue dictada por el Juzgado Nacional en lo Comercial N°7, a cargo del juez Fernando D’Alessandro, quien determinó que no se presentaron ofertas firmes ni proyectos económicamente viables que permitieran reestructurar la deuda de la compañía y garantizar su continuidad.
Durante los últimos meses se abrió el proceso de salvataje para que potenciales inversores presentaran propuestas para quedarse con la firma y negociar con los acreedores. Sin embargo, el plazo legal venció sin que apareciera ningún comprador con el respaldo financiero suficiente para afrontar el pasivo millonario que arrastra la empresa.
Qué implica la quiebra
Con la decisión judicial, comienza ahora el proceso formal de liquidación de la compañía:
🔹 Remate de bienes y activos para intentar cubrir parte de las deudas acumuladas.
🔹 Fin de los contratos vigentes y de las operaciones comerciales de las pocas sucursales que todavía seguían funcionando.
🔹 La sindicatura tomará el control total de los activos para organizar el pago a los acreedores.
Una caída que llevaba años
El derrumbe de Garbarino no ocurrió de un día para el otro. La empresa, que supo ser uno de los gigantes del retail argentino con más de 200 locales en todo el país y miles de empleados, venía atravesando una profunda crisis financiera desde hace varios años.
La caída del consumo, las deudas acumuladas con proveedores, bancos y organismos fiscales, y la falta de inversión terminaron de empujar a la firma hacia un escenario irreversible.
Según estimaciones del expediente judicial, el pasivo supera varios miles de millones de pesos, una cifra que volvió prácticamente imposible cualquier intento de refinanciación sin una fuerte inyección de capital externo.
A esto se sumaron conflictos laborales, sueldos impagos y despidos masivos, que marcaron los últimos años de la compañía.
El drama de los trabajadores
Uno de los aspectos más delicados del proceso de quiebra es la situación de los empleados que aún formaban parte de la estructura mínima de la empresa. Muchos de ellos arrastran salarios adeudados e indemnizaciones pendientes, por lo que ahora deberán esperar el resultado del proceso de liquidación para intentar cobrar parte de lo que se les debe.
Así, una de las marcas más reconocidas del comercio argentino termina su historia en los tribunales, dejando detrás locales cerrados, deudas millonarias y un fuerte impacto en el sector.
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